5 - Serie “Aprendiendo a Florecer” Dos mañanas, dos decisiones El otro día, uno de nosotros llegó con una sonrisa inusual. Nos contó que acababa de colgar el teléfono tras una llamada que, hace diez años, le habría arruinado el hígado y la semana. “Me invitaron a una discusión, a una de esas crisis familiares que no llevan a nada”, nos dijo mientras removía su café. “Y por primera vez en mi vida, simplemente no asistí. Les di las gracias por tenerme en cuenta, les deseé suerte y colgué. Me tomó seis décadas entender que mi paz no está en venta y que no tengo por qué presentarme a todos los pleitos a los que me convocan”. La verdad es que nos hizo reír imaginándonos las caras de los familiares cuando no apareció. Esto hizo que otro de nosotros recordara una anécdota: “Hace unos meses, tuve una mañana de esas que parecen diseñadas para sacarte de quicio. Salía de casa con prisa. Tenía una cita de esas que no se pueden cancelar. Cierro la puerta, meto la mano al bolsillo y... nada. ...