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Mostrando entradas de marzo, 2026
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  5 - Serie “Aprendiendo a Florecer” Dos mañanas, dos decisiones El otro día, uno de nosotros llegó con una sonrisa inusual. Nos contó que acababa de colgar el teléfono tras una llamada que, hace diez años, le habría arruinado el hígado y la semana. “Me invitaron a una discusión, a una de esas crisis familiares que no llevan a nada”, nos dijo mientras removía su café. “Y por primera vez en mi vida, simplemente no asistí. Les di las gracias por tenerme en cuenta, les deseé suerte y colgué. Me tomó seis décadas entender que mi paz no está en venta y que no tengo por qué presentarme a todos los pleitos a los que me convocan”. La verdad es que nos hizo reír imaginándonos las caras de los familiares cuando no apareció. Esto hizo que otro de nosotros recordara una anécdota: “Hace unos meses, tuve una mañana de esas que parecen diseñadas para sacarte de quicio. Salía de casa con prisa. Tenía una cita de esas que no se pueden cancelar. Cierro la puerta, meto la mano al bolsillo y... nada. ...
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  El Eclipse de la Razón 1. La sustitución de la lectura por el consumo digital Si hoy nos detuviéramos a observar el mundo como si fuéramos extraños en nuestra propia tierra, notaríamos un cambio sísmico que ha ocurrido frente a nuestras narices sin que hayamos opuesto resistencia. No se trata de un cambio en la política o en la economía, sino de algo mucho más íntimo y sagrado: la gestión de nuestro tiempo libre y, con él, la salud de nuestro pensamiento. Hubo una época, no tan lejana, en la que el silencio y la lectura eran los pilares de la formación del espíritu. En la década de los 80, la mayoría de los jóvenes leían por placer; era un acto natural de curiosidad. Hoy, ese hábito se ha desplomado a menos de una quinta parte. Pero no miremos solo a los jóvenes. Los adultos hemos caído en la misma trampa: hemos pasado de considerar la lectura —incluso el acto de leerles a nuestros hijos— como un beneficio y un placer, a verla como una "obligación" pesada, un trámite que co...
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Más allá de la ficción: lo que  otros  géneros  no  pueden hacer O por qué necesitamos historias inventadas para entender la realidad Un breve recordatorio En la primera entrada de esta serie, exploramos qué es la literatura de ficción, cómo ha evolucionado y hacia dónde podría ir. Hablamos de espejos, refugios y advertencias. De historias que nos salvan, nos confrontan y nos muestran el precipicio. Pero quedó una pregunta pendiente: ¿por qué es diferente la ficción? Si toda literatura cuenta algo, si toda palabra escrita busca comunicar, ¿por qué dedicar un género entero a lo que no existe? Hoy queremos responder a esa pregunta. Y de paso, insinuar algo que está por llegar. La frontera difusa Una de las primeras cosas que aprendemos en la escuela, en la clase de literatura, es que la ficción es "inventada" y la no ficción es "verdad". Pero, como todas las simplificaciones, esta se desarma en cuanto la examinamos de cerca. Veamos. Una biografía puede mentir. Una nov...
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  4 - Serie “Aprendiendo a Florecer” El día que una mujer en un banco me enseñó lo que los libros no pueden Uno de nosotros vivió esta experiencia y quiere compartirla: “Hace unos años atravesaba una época de las que todo parece gris. No pasaba nada grave, pero tampoco pasaba nada que me ilusionara. Los días se sucedían unos a otros como vagones de un tren sin destino. Una tarde, cansado de dar vueltas en casa, salí a caminar sin rumbo. Llegué a un parque, me senté en un banco y me quedé mirando los árboles, sin verlos realmente. A los pocos minutos, una mujer mayor se sentó en otro banco. Tendría unos 80 años, quizás más. Llevaba una bolsa de pan y venía de dar de comer a las palomas, supuse. No nos miramos. No nos saludamos. Cada uno en su silencio. Pero entonces, de repente, ella señaló un árbol enfrente. Un roble enorme, de esos que deben tener cien años. — ¿Sabe qué me gusta de ese árbol? —dijo. La miré, sorprendido cuando me habló. Me había sacado de mis pensamientos. — Que h...
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  (2/2) Una biografía de la llama: Cómo el fuego  nos hizo humanos  La semana pasada dejamos el fuego en los altares de la Antigüedad, venerado como un dios que los humanos aprendían a domar. Pero aquel dios, antes de vivir en los templos, habitó algo más cercano: nuestro propio cuerpo. Porque el fuego no solo transformó nuestro planeta, también nos transformó a nosotros mismos. Mucho antes de mover máquinas o forjar metales, la llama entró en nuestras cavernas y, sin que lo supiéramos, empezó a reescribir nuestro destino biológico. Comienza ahora la segunda parte de este viaje: la más íntima, la más antigua, la que nos llevará desde el primer bocado cocinado hasta el sueño de los motores de plasma. V. La Fragua Biológica: Cocina y Cerebro Mucho antes de que el fuego moviera máquinas, movió las palancas de nuestra propia evolución. Podríamos decir que somos la única especie del planeta que es “hija del asado”. Antes de que el fuego fuera un dios en el altar o una chispa e...
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  La ficción como espejo, refugio y  advertencia Una exploración sobre el arte de contar historias Un concepto claro y novedoso En El Taller Mental estamos convencidos de que la literatura de ficción libera la imaginación. Podemos viajar a muchos universos, a otras épocas y situaciones. Nos permite ver la realidad de forma diferente y la fantasía se acerca y nos susurra. No necesariamente se trata de extraterrestres ni de monstruos. Puede ser una historia que quizás ya hayamos presentido. Puede darnos miedo, risa, alivio, tristeza y rabia. Puede hacernos reflexionar. Puede ser la vida de un personaje que nunca existió en un acontecimiento que sí ocurrió. Y, ¿por qué no?, podemos ser nosotros mismos contando nuestro propio relato. Hay historias enredadas, inoportunas, inesperadas. Hay las que se repiten y las que no se deben escribir . Hay finales felices y finales desiguales. Otras no tienen un final siquiera. Las hay hermosas y terribles también. Pero, ¿qué es exactamente la ...
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  3 - Serie “Aprendiendo a Florecer” El señor de la cafetería y la conversación que nos recordó algo esencial Hace unos meses, en una cafetería del centro, fuimos testigos de una conversación que no hemos olvidado. Estábamos tomando un café, cada uno en lo suyo, cuando entró un joven. Treinta y tantos años, traje bien planchado. Pero la cara no le acompañaba. Tenía esa expresión de quien lleva demasiado tiempo resolviendo problemas insolubles, y sus ojos delataban a una persona desorientada, sin una dirección definida. Se sentó en la mesa de al lado, pidió un café y sacó el teléfono. No para mirarlo, sino para dejarlo sobre la mesa, como un recordatorio de algo. Luego se quedó mirando por la ventana, con la mirada perdida. En la mesa de al lado, un señor mayor —sombrero de ala ancha, bastón apoyado en la silla— lo observaba con disimulo. Luego supimos que se llamaba Herminio. El camarero trajo el café. El joven lo removió sin ganas, distraído. Ni siquiera probó el primer sorbo. Sus...
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  (1/2) Una biografía de la llama: Cómo el fuego  nos hizo humanos Intenta, por un momento, ver el fuego. No estamos hablando de la llama de una vela ni de la brasa de una hoguera, sino del fuego real que te rodea ahora mismo: el que arde en silencio dentro del cable que carga tu teléfono, el que explota cien veces por segundo en el motor del coche que pasa por tu calle, el que ilumina esta pantalla sin que te quemes al tocarla. Está en todas partes, pero hemos olvidado su fuente original. El descubrimiento del uso del fuego influyó de tal manera en el progreso de la humanidad que hoy lo vemos al lado de otros elementos tan importantes como el lenguaje, la escritura y las primeras nociones sobre el cultivo de la tierra. En estos tiempos no se concebirían la industria, el transporte, la tecnología ni muchas otras actividades cotidianas sin él. Este ensayo es una invitación a desandar el camino del fuego desde esa electricidad invisible que nos sostiene hasta la cueva donde, por...