Serie: Diez prácticas amables de cuidado. VII. Autocuidado económico Cómo cuidarse cuando el dinero es también parte del malestar Hablar de autocuidado suele llevarnos a un territorio amable: el descanso, las pausas, los límites, el silencio, el agua, la respiración, las rutinas suaves que nos devuelven un poco de centro. Todo eso es valioso y necesario. Sin embargo, existe una faceta del bienestar que, por incomodidad, vergüenza o simple costumbre, suele quedar en las sombras: el dinero. Y no porque sea el eje de la vida, sino porque una gran parte del malestar cotidiano se intensifica cuando la economía está desordenada, apretada o sumida en la incertidumbre. El autocuidado económico no es una versión sofisticada de las finanzas personales ni un discurso para convertirnos en contables de nuestra propia existencia. Es, más bien, la decisión consciente de integrar la relación con el dinero en la salud general. Porque la economía personal no solo afecta el saldo bancario: influye ...