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  Serie: Historias de objetos que vuelan VI. El aeromodelismo — Cuando el vuelo se convierte en pasión a escala. (I) Una forma muy sencilla de entender la aviación consiste en construir un modelo de avión y lanzarlo al aire. Hay un momento en la vida de todo aquel que ha sentido fascinación por el vuelo en el que la mirada se detiene en algo que puede sostenerse con las manos. No en el avión que cruza el cielo, sino en el que cabe en la palma de la mano. Un objeto que no vuela porque tenga que transportar pasajeros, sino porque alguien decidió que debía volar.  Esto es el aeromodelismo:  una afición, un deporte, una forma de investigación en miniatura y  el vuelo convertido en pasión a escala . Consiste en construir y volar pequeñas aeronaves, pero reducir el tamaño no implica  reducir la complejidad. Un aeromodelo sigue teniendo que enfrentarse al peso, a la sustentación, al empuje, a la resistencia, al viento y a la gravedad. La diferencia es que, si algo sale...
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  Serie La Ficción del Trabajo 1. El Trabajo que Nos Contamos  De cómo cada época inventa una historia para explicar por qué trabajamos I. La historia que heredamos Todas las mañanas, antes de comenzar el día, una voz nos cuenta una historia. Nos dice que hay que levantarse temprano. Que el tiempo es dinero. Que debemos encontrar nuestra vocación, construir una carrera, ser productivos, alcanzar una meta. Nos dice que trabajar es necesario, que trabajar ennoblece, que quien trabaja merece, que quien no trabaja queda fuera. Nos dice que el futuro exigirá nuevas habilidades y que tendremos que reinventarnos varias veces. Nos dice que las máquinas sustituirán algunos empleos, pero crearán otros. Nos dice que debemos prepararnos. Escuchamos esa historia en la escuela, en la publicidad, en las entrevistas de trabajo, en las conversaciones familiares, en los libros de autoayuda y en las noticias sobre el futuro. La escuchamos tantas veces que dejamos de reconocerla como una historia...
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  Serie: Bienestar en una época saturada.  La mente frente a las pantallas. Las pantallas no entraron en nuestra vida: la reorganizaron. Primero fueron una herramienta, luego un hábito, después una extensión del trabajo, más tarde una plaza pública y, finalmente, una atmósfera. Algo en lo que vivimos sumergidos sin darnos cuenta del todo. De que ya no solo las usamos, sino que las habitamos. Y en el centro de esa transformación está la mente, que ha tenido que aprender a resistir una forma de atención fragmentada, disponible y fatigada como algunas en la historia reciente. Veamos una situación que se ha vuelto normal: la de alguien que busca descanso en el mismo dispositivo que lo mantiene en alerta. Abre el teléfono para “desconectarse” y termina más expuesto que antes; revisa una aplicación para calmarse y descubre otra capa de ansiedad; se acerca a la pantalla para descansar del mundo y encuentra un mundo aún más insistente. Esa paradoja es la gran escena de nuestro tiempo ...